Conoce las Ramblas de Barcelona y su historia

La Rambla es una de las pocas calles de Barcelona en la que hay vida las 24horas del día

La primitiva Rambla era una vía ancha y desigual que oscilaba de un extremo a otro de la ciudad discurriendo paralela a la muralla medieval que Jaime I construyó en el siglo XIII, un siglo antes de que un nuevo recinto amurallado rodeara el Raval y dejara el lienzo de la Rambla sin su teórica función defensiva. Sin embargo, las diferentes puertas que se abrieron (Santa Anna, Portaferrissa, Boqueria, Trentaclaus y Framenors) no desaparecieron e indujeron la instalación de algunas construcciones, como una fundición de cañones, y también mercados al aire libre. “Rambla”, en árabe, significa “torrente”, y eso es precisamente lo que era: un torrente, el Cagalell, que se había convertido en alcantarilla, llena de basuras y excrementos. Al otro lado de este foso se fueron instalando durante el siglo XVI los primeros centros religiosos (convento de Sant Josep, 1586), de enseñanza (Estudis Generals, 1536) y lúdicos (Teatre de la Santa Creu, 1597). La Rambla del siglo XVIII lucía, por tanto, la muralla a un lado y conventos e iglesias al otro, en la parte del Raval. No fue hasta finales del siglo XVIII, momento en el que los ingenieros militares encabezados por Juan M. Cermeño iniciaron su urbanización, cuando la Rambla definió su trazado actual.

La Rambla es una sola avenida, pero recibe muchos nombres a lo largo de todo su recorrido: Rambla de Santa Mònica, de los Caputxins, de Sant Josep, de los Estudis y de Canaletes. Unas denominaciones nada gratuitas, ya que corresponden a los conventos, iglesias o edificios ante los cuales pasaba la avenida a medida que, terraplenada, comenzaba a tomar forma. En 1768 dio comienzo la demolición de la muralla y la construcción de algunos de sus edificios actualmente más emblemáticos, como el Palau de la Virreina, el Palau Moja, ante los cuales pasa la Ruta del Modernismo, o la Casa March de Reus (obra de Joan Soler i Faneca, 1775) que encontramos más abajo, en el número 8. El último gran momento en la formación de la Rambla llegó a mediados del siglo XIX con los procesos liberales de desamortización de los bienes de la Iglesia, que comportaron la desaparición de la mayoría de los conventos que moraban en sus orillas y su sustitución por nuevas calles (Ferran), espacios públicos (plaza Reial), mercados (Boqueria) y edificios que con el tiempo también fueron emblemáticos (Liceu). La Rambla es actualmente el mejor escaparate de la ciudad, de su historia y de la vida de sus ciudadanos. Como reflejó el escritor Josep Pla en una de sus obras: “La Rambla es una maravilla. Es una de las pocas calles de Barcelona en las que me siento plenamente bien. Siempre hay tanta gente como para encontrarse con algún que otro conocido, pero siempre hay la suficiente como para pasar desapercibido, si conviene”.

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